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S’ha constituït el primer grup de “Podem” a Olot

Posted by lejarza en 27 octubre, 2014


S’ha constituït el primer grup de “Podem” a Olot

És més que evident que la societat demana un canvi polític i deixà enrere propostes conservadores i parits polítics ja en vies d’extinció per la seva poca claredat i un d’aquests canvis el promou el nou grup polític nascut de la mà de Pablo iglesias i es Podem. Una formació que amb el seu poc temps d’existència ha fet revifar les esperances d’una societat que vol canviar el sistema actual, de fet en les darreres eleccions europees, aquesta formació va aconseguir ser la sisena força més votada a Olot, sense fer cap mena de campanya i segon els baròmetres actuals d’enquestes, Podem, el situen com una alternativa política a tenir en compte que la situen en la quarta força política del país. Ara a Olot, s’està promovent la iniciativa de Podem, en un model que s’anomena “cercles”. Els cercles representen a una sèrie d’assemblees de diferents temàtiques segons territori, cultura i moviments socials.

Jaume Andrés, és un dels impulsors de fer una representació a Olot de Podem, que tot just aquest passat dissabte a la Plaça Clarà d’Olot, es va fer la primera pressa de contacte amb simpatitzants d’aquesta idiologia. Unes 10 persones es varen reunir per plantejar i debatre com s’hauria d’organitzar la formació i quines serien les prioritats o camis a seguir. Malgrat que és massa aviat, no es descarta que es presentin a les municipals. La primera assemblea d’aquest nou grup a Olot es farà el pròxim 15 de novembre i les seves novetats es podran seguir a través de les xarxes locals. Més info: podemolot@gmail.com

http://www.elgarrotxi.cat/video-ja-sha-constituit-el-primer-grup-de-podem-a-olot/ – Argelaguer

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4 comentarios to “S’ha constituït el primer grup de “Podem” a Olot”

  1. lejarza said

    Podemos, el asalto de la normalidad frente a la política de lo peor

    Nuria Sánchez Madrid
    Rebelión

    Este artículo fue publicado en eldiario.es el día 26 de octubre, pero en una versión reducida. Ofrecemos aquí la versión completa

    Con independencia de la sintonía que inequívocamente el fenómeno Podemos ha logrado establecer con un electorado tan amplio como variopinto, reacciones de distinta procedencia exhiben desde hace meses una pasmosa unanimidad al insistir en que el éxito cosechado en las pasadas elecciones europeas y la actual estimación de intención de voto, lejos de representar ninguna novedad o anunciar una regeneración del sistema, merece clasificarse dentro de alguna de las variantes del populismo, un viejo conocido para la experimentada ciudadanía de nuestro continente. Uno de los expedientes más antiguos mediante los que un pueblo se engaña a sí mismo, refugiándose en una cómoda minoría de edad. Ya saben, esa conducta pretendidamente política que manipula a su antojo la voluntad colectiva al alimentar a la población con quimeras demagógicas y cuya potencia retórica está íntimamente relacionada con su capacidad para desdibujar los límites entre lo hacedero y lo imposible. A la vista del patente consenso reflejado por las columnas de opinión de buena parte de la prensa del país —como una inesperada armonía preestablecida sospechosamente coincidente con los límites de lo que se nos dice que es nuestro margen de decisión—, yo diría que Podemos “ha tocado hueso”. No se trata del “hueso” de la política a la que una ciudadanía consciente de sus derechos y deberes aspira, sino que remite más bien a la oligarquía de partidos que nos ha conducido a la situación presente —el célebre bipartidismo, periclitado en sus capacidades, pero bien asentado en su presunta legitimidad y derechos adquiridos—, esto es, el “hueso” del mejorable escenario institucional que desde la llamada Transición ha determinado las reglas de la esfera pública y del juego político en este país. Hablamos de un orden al que algunos querrían hacer pasar más por natural que por político, a la vista de que durante estos casi 40 años se ha rehuido tanto someter su génesis empírica a ninguna exploración como proceder a una saludable revisión de los pactos y compromisos alcanzados entonces. Se ha pretendido convertir a la continuidad en un valor indiscutible en sí mismo —no se fuera a hacer de la Transición un proceso interminable—, superior a cualquier espíritu de reforma, aun al precio de aceptar lo insostenible. Algo propio de una política de lo peor. Y es que lo inescrutable del origen del poder supremo, de la misma soberanía, no debe confundirse con abandonar la necesaria y trabajosa criba entre la legitimidad política y sus dobles fraudulentos. En esas, Podemos irrumpe en el panorama político. Y el análisis del fenómeno ofrecido por un buen número de profesos en filosofía y teóricos de las ciencias sociales evidencia una creciente fobia a esta novedad política, que calibra la línea de flotación social desde reivindicaciones que hasta hace poco se consideraban indiscutibles en nuestro país. Vayamos por partes.
    A finales de septiembre, José Luis Pardo presentaba lo que él mismo denominaba “modestísima contribución léxica” al esclarecimiento de la voz populismo del Diccionario de la lengua española (El país, 27 de septiembre de 2014), cifrando el sentido del término en la invocación por parte de ciertos líderes políticos de un ““pueblo” (ilusorio) anterior y superior a la Constitución”, conducta que no podría sino desembocar en el descrédito de la política representativa y en la consiguiente apología de un producto —tan vaporoso como soberbio— supuestamente mucho mejor que la actividad política. Pero lo más interesante de todo el diagnóstico, justamente por lo que tiene de expresivo de nuestro mal du siècle, reside en la acusación de que Podemos dice al pueblo o a la gente lo que éstos quieren oír, denuncia repetida también por el sociólogo Ignacio Urquizu en un artículo de opinión publicado en El país el 18 de octubre de 2014, donde puede leerse lo siguiente: “recuperar la confianza en la política implicará algo más que decir lo que la gente quiere escuchar, justamente la base del éxito de Podemos”. En armonía con estas posiciones se encuentra la crítica que Antonio Elorza ha dirigido también recientemente a la “apertura democrática plebeya” declarada por Pablo Iglesias y a la presunta transustanciación del funcionamiento bottom-top de Podemos en top-down (El país, columna de opinión del 9 de septiembre de 2014), en virtud de la simpatía de este incipiente partido por la estructura de los partidos comunistas clásicos. Semejante paternalismo frente a los cauces organizativos de una nueva formación —que J.L. Villacañas ha calificado acertadamente como “cuadrar el círculo” (“¿Cuadrar el círculo? El éxito de Podemos”, El confidencial, 21 de octubre de 2014)—, cuyo ejercicio del liderazgo político aspira a mantener en todo momento una comunicación orgánica con los círculos, parece la inversión del discutible elogio de la España analfabética que llevara a cabo José Bergamín en La importancia del demonio: una sobredosis de alfabetismo que poco tiene que ver con los fines de la Ilustración. Como si cualquier crítica dirigida a la maltrecha salud de las instituciones convirtiera a quien la pronunciara en un maestro ignorante del verdadero ser de la política y de la sociedad, inexperto en sus prácticas efectivas, un especialista en extraer de la necedad aparente sabiduría —merecedor del reproche ex pumice aquam postulas. En efecto, las posiciones enumeradas parten del supuesto de que la política real y posible siempre deja un margen de insatisfacción y de impotencia, que hay que aceptar como es lógico, habida cuenta de que los seres humanos no son los titanes con que soñaran los románticos, sino seres finitos, conscientes de que su condición política depende de la pericia en el manejo de un espacio de distancias arbitrado por la palabra representación. Nada habría que decir en contra de tal afirmación, en caso de que ese margen de decepción —poblado por “banqueros codiciosos, políticos corruptos y periodistas vendidos”, mencionado por J.L. Pardo en “Padres e hijos: la Transición interminable” (“La cuarta página” de El país, 2 de octubre de 2014)— no amenazase literalmente con engullir —si es que no lo ha hecho ya— un patrimonio político que, por descontado, no podemos permitirnos el lujo de dilapidar —“la democracia que ya está en pie”—, pero que bien podría encontrarse actualmente al albur de múltiples perversiones que nos impidan seguir considerándolo deseable sin proceder antes a su reforma sustancial. La demolición actual de derechos básicos como la vivienda, la sanidad y la educación, cruciales para poder llevar una vida digna, animan a dar ese paso. Ese parece el contenido de la agenda de Podemos, no una conmoción subversiva del orden constitucional. Pero las distorsiones son siempre muy elocuentes y entender sencillamente al revés lo que se dice y escucha revela que algo grave ha ocurrido con el sentido común del interlocutor. Pocas patologías obturan tanto el diálogo como esta cerrazón por principio ante cualquier aire de cambio, novedad y reforma, identificado con un fatídico Sturm und Drang, portadora de un miedo atroz a la acción y la conciencia políticas.

    A mi entender, con independencia de las actuales controversias con respecto a la estrategia organizativa de la formación, lo que ha atraído hacia Podemos a una sección transversal y amplia del espectro social no ha sido la búsqueda de una “democracia auténtica”, de un principio de toma de decisiones itinerante y asambleario, que como sostiene Santiago Alba Rico en “El lío de Podemos y los tres elitismos” (Cuartopoder, 4 de octubre de 2014) incurriría en un “elitismo democrático”, cuya extrema univocidad impediría ejercer la propia soberanía y delegar su representación al mismo tiempo. Por el contrario, la definición clásica que nos convierte en animales políticos advierte acerca de cuánto dependemos de metáforas orgánicas, expresivas de la distribución del poder, al enfrentarnos a la administración de lo que nos es común y compartido. No me parece que Podemos esté comprometido con un régimen constituyente deseoso de catarsis tan mediáticas y espectaculares como masivas, sino que sencillamente ha puesto sobre la mesa lo mucho que nos jugamos al olvidar la distinción entre lo normal y lo patológico. Un sector importante de la población de nuestro país reconoce en Podemos un discurso que, por un lado, ha diagnosticado con lucidez las principales patologías de nuestro sistema político y, por otro, muestra como su mejor aval una firme intención de atajarlas, sin el lastre de la escasa maniobra característica de otras plataformas de representación política. Se trata de una deficiencia que afecta a todos los grandes partidos, ejemplo de una auténtica “casa tomada”, convertidos en sistemas clientelares necesitados de la complicidad de sectores económicos que, a su vez, se benefician considerablemente de tales vínculos en forma de pingües ingresos, crecimiento desprovisto de competencia y desregularización. La gente, esa entidad ambivalente, temida y despreciada a partes iguales por los columnistas mencionados, aunque la integremos todos, que enferma con las malas formas políticas tanto como se revitaliza con la regeneración de sus instituciones, se ha interesado ya por este espíritu de reforma del llamado sistema. No para superarlo al aportar soluciones mejores —quiméricas—, sino para aplicarlo y experimentarlo en todas sus consecuencias, sin excepciones inadmisibles ni asunciones dóciles de la corrupción y la negligencia como mancha pútrida de la especie humana. ¿Se trata con ello de recrear por entero el panorama institucional con que contamos desde una suerte de zona cero simbólica y jurídica? Lejos de ello, el discurso de Podemos no aspira a exacerbar aún más los efectos del caos, ese ente terrible que según algunos catedráticos de Universidad, buenos conocedores del fraude piramidal intelectual que son las prácticas clientelares universitarias, tan afines a las reinantes en los partidos de la casta, aguarda antes de la Constitución y por debajo de la estructura legal. Pero justamente ese caos ha ingresado —para quedarse— como motor de realidad en la vida cotidiana de tantas personas normales, sin que nuestro sistema legal haya sido capaz de reaccionar con la necesaria contundencia. El discurso del que hablamos pretende más bien aguantar la mirada al caos real generado por la omnipotencia de los poderes fácticos y recuperar la autonomía del orden civil, devolviéndolo a una normalidad reclamada por Carlos Fernández Liria en su artículo “La normalidad Podemos” (El diario, 8 de octubre de 2014).

    Si la dejación de una política de oferta ha producido un desplazamiento hacia la política de la demanda, como sostiene José Luis Villacañas en el artículo citado, ésta última no parece consistir en una mera exigencia de reconocimiento, sino de mediaciones sin impostura y funciones no condicionadas, en el que las determinaciones acerca de lo justo y legítimo y sus contrarios, lejos de encontrarse decididas de antemano, estén permanentemente abiertas a los interrogantes planteados por quienes poseen la soberanía. El poder que resuena en el mismo término Podemos no remite a una normalidad de alcance subjetivo o espiritual, cuya búsqueda recaiga en la responsabilidad de cada cual, esto es, en su capacidad para contarse a uno mismo historias que le vuelvan más soportable la existencia, sino a un estado de normalidad bastante más objetivo, que sencillamente emerge cuando las leyes se respetan y cumplen —sin prebendas— por y para la totalidad de la ciudadanía. ¿Desde cuándo reclamar y tutelar por el cumplimiento de la legalidad vigente debe asociarse con la conmoción del orden político o el desprecio de la representación parlamentaria? ¿No será más bien que nuestra eutanasia política ha narcotizado ya a muchos, incluso a algunas nuestras mejores cabezas, hasta el punto de preconizar la total ausencia de cambio y demonizar cualquier intervención efectiva sobre la realidad que nos rodea? ¿Hasta el punto de denominar salud política al cómodo silencio de todo órgano social, con independencia de la enfermedad que éste padezca o de la presión a que esté sometido? ¿Debemos tener miedo de retomar una normalidad que nos ha sido arrebatada y sin la que nuestra vida carece de dignidad? La apuesta de Podemos ha consistido en señalar —en recordar más bien, como ocurre con todas las buenas ideas— que el eclipse de la ley por el orden, por muy imponente, atractivo e incluso natural que este parezca, desemboca —para nosotros es ya un hecho— en un contexto simplemente insostenible e intolerable para la dignidad del individuo. Es menester resistir a la seguridad con que se argumenta a base de un prontuario repleto de expresiones como “cuando la flecha está en el arco, tiene que partir”. Recordemos la denuncia dirigida por Rafael Sánchez Ferlosio a la falacia contenida en el soberbio dicho, versión china de nuestro castizo “es lo que hay”, ya formulada por el rabí Dom Sem Tob como “si no es lo que yo quiero, quiera yo lo que es”.

    Por cierto, en la carta, tan recordada estos días, dirigida a Ludwig Kugelmann, en que Karl Marx sostiene que los revolucionarios de la Comuna parisina se encontraban prestos al asalto de los cielos —der Sturm des Himmels—, como los Titanes enardecidos por el espíritu a los que cantara Friedrich Hölderlin, se distingue a los primeros precisamente de los dóciles “siervos del cielo del Sacro Imperio romano germánico-prusiano”, cuyas “mascaradas antediluvianas” huelen sobre todo a filisteísmo. Un dique contra el pensamiento que siempre está al acecho. Es fácil caer en sus trampas, a las que se ajusta bien la definición que Nabokov diera del término en su Curso de literatura rusa: “ Filisteo es la persona adulta de intereses materiales y vulgares, y de mentalidad formada en ideas corrientes y los ideales convencionales de su grupo y su época” . Filisteo es quien vende su capacidad de juzgar a cambio de la mezquina protección de ideologías que lo justifican todo por medio de una normatividad anclada en la recurrencia, que está preparado para todo menos la novedad, lo imprevisible, la sorpresa de lo espontáneo, como si tales instancias abrieran una falla en el mundo por la que nunca comparece la salvación, sino implacablemente la perdición. Todas las épocas de crisis las abren los filisteos, siempre hombres de su tiempo. Frente a ellos, cuando escucho a los responsables de Podemos, percibo la reivindicación de un modo de pensar y actuar displicente con los chantajes y cadenas del presente. Deberíamos sentirnos muy orgullosos de que esa sea la voz que queramos escuchar o, lo que es lo mismo, de la disposición y sensibilidad que late en esa misma inclinación, que se ha revelado indiferente a la procedencia social e incluso a la misma tendencia de voto desde la lógica bipartidista, y que algunos querrían acallar tildándola de populista. De la emergencia de reacciones semejantes depende que el relato colectivo que configura la historia no se resuelva en una secuencia de catástrofes que sólo quepa padecer, sino que empiece a parecerse más a un contexto de sucesos de los que se puedan pedir cuentas, en los que sea factible visibilizar a los agentes responsables. Abandonar la política de lo peor y apoderarse del propio destino, hipotecado por cambalaches en los que se encuentran entrampadas las élites administrativas y económicas. Y en ese punto, organizar el debate y encauzar el disenso se muestra como una tarea mucho más urgente que la espectacularización de los acuerdos con su riesgo de “elitismo mediático” —vd. artículo citado de S. Alba Rico—, en lo que, por otro lado, son especialistas los partidos de la denominada casta. Asaltar el cielo no remite en el fondo sino al más básico de los derechos, el que tenemos a articular colectivamente nuestra propia libertad.

  2. lejarza said

    Todas las personas de Pablo Iglesias

    El líder de Podemos incluye a sus colaboradores más cercanos en su lista para la directiva de la formación. El abogado Jaume Asens, y una parte importante de los miembros del equipo técnico de la formación, también están presentes

    ALEJANDRO LÓPEZ DE MIGUEL Madrid 07/11/2014

    El equipo de Pablo Iglesias ha lanzado este viernes la lista con todos los nombres que propone para los cargos orgánicos de la formación, que los más de 220.000 inscritos en Podemos podrán votar entre el 10 y el 14 de este mes.

    No ha habido sorpresas, y Claro que Podemos ha presentado 62 nombres para el Consejo Ciudadano (órgano directivo), 10 para la Comisión de Garantías Democráticas, y el del propio líder de la formación para la Secretaría General, a la que se postula como claro favorito.

    Ahora, está por ver si el equipo de Sumando Podemos, en el que participa el europarlamentario Pablo Echenique, cumple su advertencia al equipo del líder de Podemos y retira su candidatura. Esta semana, el grupo de Echenique avisó de que tomaría esta determinación en caso de que Claro que Podemos presentara una lista completa, como finalmente ha hecho.

    En caso de retirar su candidatura, Sumando Podemos no podría optar a contar con ninguno de sus principales representantes en el órgano directivo de Podemos, ya que Teresa Rodríguez tampoco puede postularse a los cargos orgánicos por el veto a la doble militancia que incorpora el documento de Iglesias, respaldado por un 80% de los afiliados a Podemos.

    ‘Núcleo duro’
    Iglesias ha incluido en la lista a sus más cercanos colaboradores (Monedero, Errejón, Bescansa, Alegre, su núcleo duro), y a varios miembros del equipo técnico, que también formaban parte de su grupo de trabajo, entre ellos Sarah Bienzobas (organización). La eurodiputada Tania González, y el exfiscal Carlos Jiménez Villarejo, europarlamentario electo, que dejó su escaño en manos de González en agosto, también forman parte de la lista del líder de la formación.

    Para la Comisión de Garantías, el órgano que supervisará el funcionamiento interno del partido, Claro que Podemos promueve a Gloria Elizo, abogada de la formación, y responsable de las acciones legales contra Esperanza Aguirre, Eduardo Inda o la querella de Podemos y Guanyem contra la familia Pujol.

    Estos son todos los nombres incluidos en la lista de Iglesias, que incluye el mismo número de hombres que de mujeres.

    SECRETARIO GENERAL

    Pablo Iglesias

    CONSEJO CIUDADANO

    Carolina Bescansa
    Auxiliadora Honorato
    Tania González
    Gemma Ubasart González
    Irene Montero Gil
    Rita Maestre
    Sarah Bienzobas
    Lucía Ayala
    Nagua Alba
    Clara Serrano García
    Clara Serra Sánchez
    Laura Casielles Hernández
    Ana Domínguez Rama
    Eva Muñoz Moreno
    Belén Guerra
    Ángela Ballester Muñoz
    Beatriz Rilova
    Noemí Santana Perera
    Isabel Franco Carmona
    Ione Belarra Urteaga
    Paula Baeza
    Gemma Galdón
    Esperanza Gómez Corona
    Isabel Alba
    Esther Sanz Urcia
    Ana Terrón Berbel
    Mari Carmen Romero Hierro
    Alejandra Machín Álvarez
    Mari ángeles García Navarro
    Ana Castaño Romero
    Sandra Mínguez Corral
    Íñigo Errejón
    Juan Carlos Monedero
    Luis Alegre
    Rafa Mayoral
    Sergio Pascual Peña

    Miguel Bermejo
    Pablo Bustinduy Amador
    Jorge Lago
    Germán Cano Cuenca
    Eduardo Fernández
    Miguel Ardanuy
    Eduardo Maura
    Jorge Moruno
    Segundo González García
    Jesús Gil
    Nacho Álvarez Peralta
    Jesús Montero
    Juan Manuel del Olmo
    Ariel Jerez
    Carlos Jiménez Villarejo
    Guillermo Paños
    Javier Sánchez Serna
    Pablo Fernández Santos
    Juan María Expósito Rubio
    Xoxé Xaucu Rodríguez Morón
    Alberto Montero
    Marcos Martínez Romano
    Luis Ángel Aguilar Montero
    Jaume Asens Llodrá
    Raimundo Viejo Viñas
    Rubén López Bueno

    COMISIÓN DE GARANTÍAS

    Gloria Elizo
    Denis Thomas Maguire
    Raquel Huerta Bravo
    Manuel Maroto
    Marina Avia Estrada
    Pablo Fernández Alarcón
    Clara Azorín
    Raúl Carballedo
    Ana Laura Canilla
    Pablo Castaño

    http://www.publico.es/politica/555022/todas-las-personas-de-pablo-iglesias

  3. lejarza said

    Por qué Pablo Iglesias

    “Se buscan hombres para un viaje peligroso. Sueldo bajo. Frío extremo. Largos meses de completa oscuridad. Peligro constante. No se asegura retorno con vida. Honor y reconocimiento en caso de éxito”

    Alejandro Pérez / Diego Perdomo – Las Palmas de Gran Canaria 12/11/2014

    “Se buscan hombres para un viaje peligroso. Sueldo bajo. Frío extremo. Largos meses de completa oscuridad. Peligro constante. No se asegura retorno con vida. Honor y reconocimiento en caso de éxito”. Así rezaba el anuncio de reclutamiento de tripulación para la Expedición Imperial Trasatlántica que habría de cruzar por tierra el continente antártico, pasando por el Polo Sur. Dicha expedición sería conocida como la Odisea del Endurance, pues el barco acabó varando en el hielo del Mar de Weddell, quedando la tripulación completamente abandonada en la cruda superficie austral durante un año y ocho meses. Finalmente, en una sucesión de heroicas actuaciones, los veintisiete expedicionarios salvaron la vida.

    No nos encontramos ni de lejos ante una situación parecida, en cuanto a los padecimientos físicos que soportaron los héroes del Endurance, pero no es menos cierto que el momento histórico que vivimos es de una dificultad incuestionable y requiere una considerable dosis de arrojo si queremos que los políticos de la Casta no perseveren en las políticas de acumulación de riqueza, regresión en materia de derechos fundamentales de la ciudadanía y explotación de las clases populares que han venido implementando de forma inmisericorde desde el comienzo de la crisis-estafa hasta nuestros días.

    En una situación de tal gravedad se hacía necesaria una propuesta, un proyecto de cambio social que, con base en un profundo estudio de las soterradas violencias (materiales y simbólicas) y opresiones silentes sobre las que se asienta la sociedad actual, pudiera disputarle el poder político a la Casta gobernante. Hacía falta un halo de esperanza que convirtiera la razón en fuerza al tiempo que transformase la indignación en un programa de empoderamiento ciudadano. Y este hecho, de enorme trascendencia y muy atípico en nuestra historia reciente, se ha dado: Pablo Iglesias y su equipo, con un lenguaje directo y una propuesta política audaz en oposición frontal al bipartito PPSOE (esto es, capaz de señalar a las víctimas del austericidio, a sus responsables, y de proponer una batería de medidas plausibles para erradicar o mitigar los sufrimientos de las mayorías), han sido capaces de pulsar el sentir popular con una lucidez literalmente asombrosa. Una vez realizado el análisis, tras años de esmerada elaboración de un discurso que combinase el rigor intelectual con el éxito mediático, a comienzos de 2014, en muy pocos meses, los fundadores de Podemos fueron capaces de poner en funcionamiento toda una maquinaria electoral con un presupuesto de ciento cincuenta mil euros (una minucia si se lo compara con los millones que gastan los partidos del régimen en sus insípidas y estupidizantes campañas electorales) obtenido gracias a las donaciones voluntarias de miles de ciudadanos anónimos. El resto de la historia lo conocemos: los cinco eurodiputados del 25M, el crecimiento exponencial en las encuestas, la sobresaliente actuación de nuestros portavoces en las tertulias políticas de mayor seguimiento en todo el país…

    No hay que olvidar que todo este proceso se ha realizado sin obturar los canales de deliberación y toma de decisiones colectivas. Por primarias abiertas a toda la ciudadanía se ha decidido, para empezar, la misma existencia de Podemos (cincuenta mil firmas recogidas en veinticuatro horas). Por el mismo procedimiento han sido elegidos los candidatos a las elecciones europeas de 2014; los miembros del equipo técnico responsable de la realización de la Asamblea Ciudadana “Sí Se Puede”; los documentos ético, político y organizativo que marcarán la actuación de nuestra fuerza política en el futuro próximo; y, por último (hasta el momento), durante esta semana -del 10 al 14 de Noviembre- todos los ciudadanos y residentes de nuestro país podrán votar a los candidatos a la secretaría general, el consejo ciudadano y el comité de garantías. En resumen, las primarias abiertas han sido, son y serán la conditio sine qua non de todo proyecto en el que, a título individual o en confluencia con otros actores políticos, vaya a participar Podemos.

    Esto evidentemente no quiere decir que nuestra formación haya fetichizado el asamblearismo permanente como varita mágica capaz de solucionar todos los retos a los que se enfrenta cualquier organización política con vocación de gobierno. Somos plenamente conscientes de los peligros que encierra lo que el filósofo Santiago Alba Rico denomina el “elitismo democrático”. Cedámosle la palabra: “El elitismo democrático, contra la vieja izquierda pero en la misma dinámica, acaba queriendo convertir a todos los ciudadanos en activistas permanentes y privilegiando la minoritaria militancia como fuente de decisiones soberanas. ‘Democracia’ no significa que todos estemos siendo demócratas todo el rato sino armar un proyecto que lo sea sin nosotros y que permita incluir también a los que -mayoría social- sólo pueden serlo a ratos.” En la misma línea, otro filósofo, el siempre incómodo Zizek, afirma con rotundidad: “Voy a ser brutal. Tengo un problema con los partidarios de la llamada democracia directa: piensan que a un nivel local, todos deberíamos estar movilizados, permanentemente activos en política…. Pues perdone, pero a mí no me gustaría vivir en una sociedad así. Mi sociedad ideal es una donde me dejan en paz, y yo me puedo dedicar a mi trabajo, la Filosofía o lo que sea.”

    ¿Tan pernicioso es el concepto de Representación? No lo creemos. Pensamos que mientras todos los cargos sean elegidos por primarias abiertas, existan los referendos revocatorios y la ciudadanía disponga de herramientas útiles para fiscalizar constantemente la actuación de los candidatos que en ese momento hayan asumido puestos de responsabilidad, la representación es un mecanismo ineludible para toda organización política que aspire a llegar al poder (que de eso se trata). Permítasenos la insistencia en este punto: nosotros no participamos de la creencia en el mito de un supuesto pecado original en el concepto en sí de Representación (no así de las perversiones a lo que lo han sometido los partidos del régimen). Dice el filósofo Carlos Fernández Liria, con palabras que suscribimos plenamente: “Yo tengo derecho a votar por confianza. Tengo derecho a fiarme de un equipo que desde hace seis meses no ha hecho más que sorprenderme y asombrarme, hasta el punto de que me ha parecido estar en el circo del más difícil todavía. Han obrado un milagro.”

    Por eso confiamos en Pablo Iglesias y su equipo. Por lo anteriormente explicado y también, para qué negarlo, por haberse atrevido a salir a ganar. Muchos de los que veníamos de las izquierdas estábamos, de una forma u otra, atrapados en la pegajosa telaraña de la melancolía, la retórica del victimismo y la resignación. “Decía Lacan que la histeria es el deseo de mantener el deseo insatisfecho: no tanto de no atreverse a desear, como de desear la propia imposibilidad de alcanzar y realizar el deseo, rechazar esa satisfacción y vivir cómodamente en su negación”, nos recuerda Jorge Lago, miembro del equipo de Pablo Iglesias, en un reciente artículo. Y continúa, con palabras nimbadas del amargo resplandor que conlleva toda revelación psicoanalítica: “No exagero quizá en calificar a una cierta política contestataria, de la que muchos venimos, de histérica: no nos atrevíamos a (pensar en) ganar, y menos aún a pasar al acto e intentarlo. Si algo ha significado, por encima de muchas otras consideraciones, el ciclo de movilizaciones que ha dado lugar a este nuevo triángulo formado por el fin del bipartidismo, la crisis del Régimen del 78 y la irrupción de Podemos es, creo, el de superar la histeria por la que el miedo nos hacía desear perder.”

    Volvamos al principio: la “odisea del Endurance”. Tal vez podamos afirmar que las fuerzas políticas que estamos por el cambio en nuestro país hemos pasado ya de la épica de la resistencia (“endurance” en inglés quiere decir “resistencia”, ¡justicia poética donde las haya para los supervivientes del Polo Sur!) al no menos apasionante periodo de la lucha por el poder institucional. La responsabilidad es enorme. La alegría, mayor aún. Venceremos. Claro que Podemos.

  4. lejarza said

    Podemos, el cielo o un metro cuadrado de azul

    La cultura del 78, la del consenso, nos ofrecería un pacto: ciertas cuotas de poder a cambio de un trozo de nube, un par de estrellas y un metro cuadrado de azul

    Sería un cielo de cartón piedra, una falsa representación, un gatopardismo

    Frente a la alienación, Podemos se ha convertido en herramienta clave para recuperar espacios perdidos que nos corresponden

    Olga Rodríguez

    El cielo no se conquista por consenso, sino por asalto, decía Pablo Iglesias hace unas semanas. Lo dijo en clave interna, pero sin duda la frase sirve para aplicarla a la batalla externa.

    Nuestro tiempo se caracteriza por una marcada dosis de alienación. Según el diccionario, alienación es, entre otras cosas, el acto por el que se traspasa la propiedad de una cosa.

    Fue Ludwig Feuerbach quien explicó la alienación a través de la relación del ser humano con Dios. El filósofo alemán escribió que Dios no creó al ser humano, sino el ser humano a Dios, proyectando en él sus mejores atributos, su propia imagen idealizada, sus deseos y necesidades. Es decir, el ser humano delega en Dios, renuncia a su propia naturaleza en favor de la de un ser ajeno que él mismo creó. Es lo que llamó la enajenación o alienación del ser humano.

    Esta noción, que Feuerbach la restringía al ámbito religioso, Karl Marx la extendió a todas las esferas, criticando la concepción de un sujeto pasivo de Feuerbach. Para Marx, la alienación se registra en diversos campos, desde la producción de bienes –la gente pierde el control sobre el producto de su trabajo– hasta la política, con la división entre la sociedad civil y el Estado. El Estado, que debería ser concebido como la representación de los intereses de la mayoría social, puede convertirse, sin embargo, en un instrumento represivo al servicio de unos pocos. Es decir, se apropia de tareas que nos corresponden a todos, destruyendo los espacios para la participación y la vigilancia ciudadanas. Y así sufrimos una alienación política, confundiendo delegar con claudicar. Frente a ella es preciso recuperar el Estado.

    Un simbólico ejemplo histórico de formación de un Gobierno de carácter popular se produjo en el siglo XIX, en la experiencia conocida como la Comuna de París, cuando el pueblo parisino –harto de la pobreza y la represión– tomó el poder y se organizó frente a la máquina burocrático-militar del Estado. Sus logros fueron numerosos: se redujo la jornada laboral, se abolió el trabajo nocturno, se concedieron pensiones a viudas y huérfanos de la Guardia Nacional, se defendió la laicidad del Estado, se estableció el revocatorio de los mandatos, hubo condonación de deudas por alquileres, se apostó por la autogestión de los trabajadores, por la educación y la cultura para todos.

    A eso se refería Marx cuando dijo que la gente de la Comuna de París de 1871 “tomó el cielo por asalto”. A enfrentar la alienación. A hacerse con los espacios perdidos que nos corresponden.

    De ello trata este año crucial en el plano político, social, y también cultural. Lo dijo recientemente el filósofo Santiago Alba Rico en su intervención en la asamblea de Podemos, recordando el papel del ágora o la plaza pública de los griegos, donde se compartían discursos, razones, principios, y reivindicando la necesidad de llenar los huecos o espacios que nos pertenecen:

    “¿De qué está lleno el Parlamento hoy? ¿Quién ocupa ese hueco en España? No los ciudadanos, sino los persas y sus soldados [en referencia a Ciro el Persa mientras pensaba en conquistar Grecia], fuerzas extranjeras que nos gobiernan además desde el extranjero: el Fondo Monetario Internacional o el Banco Central Europeo, los mercados financieros que nadie ha elegido. Persas son los bancos, los paraísos fiscales, las agencias de evaluación, los políticos corruptos que facilitan los desahucios de familias con niños mientras se gastan nuestro dinero en fiestas y relojes de lujo”.

    Por más que algunos vociferan en contra de Podemos, lo cierto es que la formación liderada por Iglesias se ha convertido en herramienta clave para que seamos capaces de “llenar los huecos”, de participar, de ocupar los espacios que nos pertenecen y nos corresponden, para recuperar la democracia frente a la alienación.

    El cielo está ocupado y controlado por los bancos, por los fondos de inversión, por los corruptos, por quienes fomentan la desigualdad, por los evasores de impuestos, por los que se enriquecen a costa de políticas que despojan a la mayoría social de derechos fundamentales.

    La Cultura de la Transición, la del ‘consenso’, nos ofrecería un pacto: ciertas cuotas de poder a cambio de un trozo de nube, un par de estrellas y un metro cuadrado de azul. Sería un cielo de cartón piedra, una falsa representación, un gatopardismo con el que este país continuaría sumergiéndose en el empobrecimiento, la precariedad y la dificultad que tantas familias ya padecen.

    Este curso 2014-2015 necesita nuevas políticas dispuestas a la rotundidad para evitar el riesgo de que todo quede reducido a una restauración, a disfraces que sigan legitimando el árbol corrupto y putrefacto. Está en juego el futuro de millones de personas. Está en juego el regreso de la razón y la cordura después de tanto tiempo de inmoralidad e infamia.

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